La
sociedad maya estaba dividida en clases, con intereses no sólo distintos,
sino antagónicos. Esta sociedad
comprendía cuatro clases; en la cima de la pirámide social se encontraba la clase
noble, a la cual pertenecían tanto los señores como los sacerdotes. La calidad
del noble, era hereditaria, se les llamaba almehenoob, "hidalgo", que
implicaba el conocimiento de sus antepasados y la conciencia de formar parte de
un linaje. A la nobleza le correspondían los cargos de dirigentes, el ejercicio
del sacerdocio, astronomía, al manejo del calendario y al conocimiento y uso de
la escritura etc.
Estaban los artesanos que son una
inagotable fuente de creatividad. Técnicas, materiales y formas
expresan el mestizaje cultural producido con la llegada de los españoles. Los
tianguis, como se les llama a estos mercados, han sido centros de comercio
local y regional.
La clase plebeya de los ah chembal
uinicoob, "hombres inferiores, vulgares, groseros". A estos hombres
les correspondían todas las labores de la agricultura, caza, pesca, recolección
etc. Como hombres legalmente "libres", gozarían de algunos derechos,
entre ellos el de usufructuar ciertas tierras, y derechos individuales de su
vida personal y familiar, pero en cuanto a los bienes que producían, sólo
conservaban lo más indispensable para asegurar su supervivencia y la de sus
familias,
Otra clase compartía la carga de la producción,
aunque su participación sería menor que la de la gente común. Nos referimos a
los esclavos. Los cronistas nos aclaran circunstancias que provocaban la
esclavitud: comisión de delitos penales, deudas, ser prisionero de guerra,
haber nacido de padres esclavos, haber sido comprado a un mercader, ser
huérfano etc. El esclavo no gozaba de ningún derecho; estaba obligado a
trabajar en propiedades particulares y era la víctima más indicada, siempre
disponible para la realización de sacrificios humanos. Participaba en la
producción, pero lo que percibiría sería sólo para una supervivencia precaria
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